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Quintero y EPM: a construir sobre lo construido

El espíritu emprendedor de los antioqueños convirtió a Medellín en pionera en muchos ámbitos, en una líder nacional, en la propietaria de la segunda empresa colombiana más importante: el Grupo EPM. Esto no ocurrió de la noche a la mañana. En las dos últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX, Medellín y Antioquia dieron decisivos pasos adelante al crear la Empresa del Acueducto, la Compañía Antioqueña de Instalaciones Eléctricas, y la Compañía Telefónica de Medellín, fusionadas el 6 de agosto de 1955 en Empresas Públicas de Medellín (EPM).   

El Grupo EPM es una firma 100 por ciento pública que opera en seis países (Chile, Colombia, Guatemala, México, Panamá y El Salvador), tiene siete líneas de negocios (generación de energía, transmisión de energía, distribución de energía, gas, provisión de aguas, gestión de aguas residuales y gestión de residuos sólidos), llega a alrededor de 20 millones de personas y cuenta con 7.514 proveedores y contratistas. En 2019, año en que ocupó la octava posición en el ranking general de Responsabilidad y Gobierno Corporativo según Merco, el grupo invirtió en proyectos de infraestructura 2.2 billones de pesos en EPM, 514 mil millones en sus filiales nacionales y 539 mil millones en sus filiales internacionales. En ese mismo año, obtuvo una utilidad neta consolidada de 3.2 billones y transfirió 1.3 billones a Medellín.  

Esta senda de crecimiento y resultados positivos se ha mantenido a pesar de la desafiante construcción de Hidroituango y el reto de operar y prestar servicios en medio de una pandemia. Entre enero y septiembre de 2020, pese a que sus resultados operacionales cayeron 7%, sus ingresos aumentaron 6% al llegar a $14.1 billones. No en vano, al finalizar octubre del año pasado el Grupo EPM estimaba que podía alcanzar un nivel de utilidades de entre 2 y 2.4 billones de pesos.   Una de las principales razones por las cuales el Grupo EPM ha registrado estos logros obedece a que, parafraseando a Juan Camilo Restrepo, la firma había sido manejada con un alto carácter técnico. Y esto debe mantenerse porque, siguiendo con el exministro antioqueño, EPM, que se encarga de “asuntos sumamente complejos”, es “la única prestadora integrada de servicios públicos que existe en Colombia”. De ahí el afán de desligar a la empresa de la politiquería y la necesidad de administrarla conforme las reglas y principios de gobierno corporativo, fundamento de la correcta toma de decisiones por la dirección, accionistas y partes interesadas de compañías cuyo desempeño concierne al público; el gobierno corporativo es, en últimas, garante de un mejor funcionamiento de los mercados, de la credibilidad, la estabilidad y el crecimiento y generación de riqueza de empresas que importan a toda la sociedad.  

Aunque el Grupo EPM pertenece a Medellín, lo que con ella pase concierne a toda Colombia: es propietaria de la mitad de la que será la mayor generadora de energía del país, Hidroituango; opera en más de 10 departamentos y emplea directamente a alrededor de 14.000 personas nacional e internacionalmente, y genera en Colombia casi 50.000 puestos de trabajos externos. A los caribeños, además, nos debe preocupar mucho porque EPM es dueña de Afinia, filial que presta servicios eléctricos a 1.5 millones de clientes (que equivalen a 6 millones de personas) en Bolívar, Cesar, Córdoba, Sucre y algunos municipios de Magdalena.  

Por eso inquieta tanto la forma en que Daniel Quintero despidió al exgerente General de EPM, Álvaro Guillermo Rendón. Este incidente se suma a una campaña a la alcaldía basada en el aprovechamiento de la tragedia asociada a los retrasos en la construcción de Hidroituango, a la renuncia de la Junta Directiva de EPM en 2020, a la subsecuente y cuestionable demanda que, ya como alcalde, lideró contra los consorcios involucrados en la obra (así lo explicó, y con detalles, una autoridad en Colombia en responsabilidad civil: el exmagistrado de la Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia Javier Tamayo Jaramillo) y a la imposición clientelista de nombramientos en EPM a través de presiones de su secretaria privada. El manejo dado a la empresa durante el último año pone en riesgo la calificación internacional de EPM y, por tanto, su grado de inversión; y ha despertado dudas sobre los criterios que guían a la administración municipal. Muchos se preguntan, y no por prejuicio sino a la luz de los hechos, si el alcalde entiende la relevancia de las reglas del gobierno corporativo y si comprende que EPM es una empresa industrial y comercial del Estado, no una secretaría de despacho.  

Vale la pena que el alcalde también reconozca la historia de trabajo mancomunado en su ciudad de personas comprometidas, trabajadores, empresarios, académicos, organizaciones sociales. No tiene sentido incendiar ánimos e inventar enemigos de la ciudadanía paisa. El GEA, la Cámara de Comercio, el sector productivo, las veedurías ciudadanas, las ONG que han colaborado con el gobierno con sede en La Alpujarra, el uribismo, etc., no están en contra de Medellín. Al contrario, son parte de lo mejor que tiene la ciudad de la eterna primavera y responsables, en buena medida, de muchos de los avances de la segunda ciudad y la capital del departamento más rico de Colombia. Tampoco vale la pena aprovecharse de una tragedia de la naturaleza y los posibles errores humanos que dificultaron y retrasaron la terminación de Hidroituango, dividir a Medellín y desprestigiar a personas y empresas honestas. ¡No! Medellín, como el resto de Colombia, requiere unidad, eficiencia y altura, no confrontación innecesaria.   Daniel Quintero tiene el enorme reto de demostrar que es un mandatario capaz de honrar una tradición de diálogo democrático entre todas las fuerzas vivas de una ciudad que, enfrentando innegables dificultades, muchas todavía por superar, ha progresado y no renuncia al progreso, lo cual incluye el respeto al gobierno corporativo y guiado por criterios técnicos del Grupo EPM. Si no construye sobre lo construido, sino que opta por destruirlo, no quedará duda de que es un alcalde alternativo.  

Encima 1. El expresidente Álvaro Uribe fue Jefe de Bienes de EPM, alcalde de Medellín y gobernador de Antioquia. En estas posiciones lideró, con transparencia, la adquisición de predios necesaria para la construcción de la represa de El Peñol, el crecimiento de EPM para beneficio de su ciudad y la construcción de Hidroituango (sueño de Antioquia para Colombia: generar energía con la fuerza del Río Cauca).